Los niños lobo

La verdad es que ha sido todo un descubrimiento. Seguro que muchos de vosotros también pensáis que la factoría Disney las más de las veces resulta empachosa y con dudosos valores subyacentes. Yo le tengo especial manía a las películas de princesas, primero por la importancia que le otorgan al amor romántico y segundo por el papel que, salvo excepciones, representa la mujer.

Sin embargo, este tipo de películas de animación japonesa resalta valores como la amistad, el respeto por la naturaleza o la mirada a la infancia, todo ello envuelto en una atmósfera de imaginación desbordante que, incluso los personajes adultos, asumen con normalidad. Me chifla.

Además, aprendemos detalles cotidianos de una cultura diferente como descalzarse antes de entrar en casa, dormir en el suelo o el contraste con el mobiliario característico japonés. También me gusta porque los perfiles de los personajes no están tan radicalizados como en el resto de filmes. No hay malos malísimos.

Por ahora solo hemos visto tres (dos de ellas recomendadas y la tercera por casualidad) pero tengo por ahí alguna más apuntada. Ya os contaré si las vemos.

Mi vecino Totoro (Hayao Miyazaki, 1988)

Mi vecino Totoro

Mi vecino Totoro

Mi vecino Totoro

Un clásico a la altura de «El viaje de Chihiro», «El castillo ambulante» o «La princesa Mononoke». Es curioso, pero todas la mamás que han visto «Mi vecino Totoro» (que nos recomendó Bei, de Tigriteando) coinciden en que a sus hijos les ha encantado.

No es una película demasiado larga y trata sobre la mudanza de un padre y sus dos hijas (Mei y Satsuki) a una casa rural a las afueras de japón. La hija pequeña, Mei, descubre al rey del bosque, Totoro, y a partir de ahí surge todo un mundo de fantasía paralelo a una realidad a veces difícil de asumir.

Ponyo y el secreto de la Sirenita (Hayao Miyazaki, 2008)

Ponyo y el secreto de la Sirenita

Ponyo y el secreto de la Sirenita

Ponyo y el secreto de la Sirenita

Ponyo y el secreto de la Sirenita

Fue la primera que vimos y la encontramos por casualidad, buscando «Mi vecino Totoro». Nos sorprendió porque no tenía nada que ver con lo que habíamos visto hasta entonces.

Sousuke vive junto a la playa y un día se encuentra con una niña pez a la que le pone el nombre de Ponyo. Se hacen muy amigos y desde entonces el deseo de Ponyo será convertirse en humana.

Una oda a la madre naturaleza (concretamente al mar que, según explica el propio Miyazaki, representa la figura materna y el origen de la vida), a la amistad y al amor.

Los niños lobo (Mamoru Hosoda, 2012)

Los niños lobo

Los niños lobo

Los niños lobo

Los niños lobo

Sin duda, mi preferida de las tres (recomendada por Ruth, de Otanana). Seguramente porque la historia habla de una madre y sus dos hijos, con pequeños guiños a la crianza con apego como el amantamiento, el porteo e incluso los nacimientos en casa.

Yuki y Ame son hijos de un hombre lobo y Hana, su madre, tendrá que arreglárselas para sacar adelante a sus pequeños, quienes deberán escoger qué camino seguir en la vida. Una historia conmovedora y apasionante que consigue atrapar al espectador dada su paradójica credibilidad y su poética narrativa. A pesar de tener planos y escenas muy lentos, en los que únicamente se escuchan unas gotas de lluvia, Elena se mantuvo atenta todo el tiempo. No por ser una película para niños han de estar ocurriendo cosas constantemente, también hay momentos para la pausa y la reflexión.

Si no las habéis visto, espero que os animéis con alguna y ya me contaréis qué os han parecido.

¡Feliz martes!

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