A day at the zoo. Megan Alisa Photography

Megan Alisa Photography

Hace un par de años, cometimos el error de acercarnos a pasar una tarde al zoo de Madrid.

La verdad es que nos habíamos imaginado un lugar mucho más «amable». Yo tenía en mente esas imágenes de los cuidadores protegiendo y mimando a cada animalillo pero la sensación que tuve al llegar allí fue casi parecida a la de entrar en un centro comercial…

Aún así, intentamos hacer un esfuerzo porque nuestra hija disfrutaba viendo los animales pero, irremediablemente, salimos todos de allí con muy mal sabor de boca. Estuve un tiempo preguntándome por qué siguen existiendo estos lugares, y la verdad es que todavía no lo entiendo.

Los zoos deberían estar clausurados por varias razones:

  1. No es ético. Los animales no existen para nuestro entretenimiento.
  2. No es saludable para los animales. A algunos de ellos se les ve claramente deprimidos, a otros prácticamente sin pelo, muchos se encuentran en espacios pequeños y asfaltados y, además, ante la inquietante mirada no de una ni de varias personas sino del constante paso de niños y mayores.
  3. Es un acto egoísta. ¿Qué aprende un niño si, para que pueda ver un elefante o una cebra, hace falta encerrar a ese pobre animal fuera de su habitat? Muchos argumentan que, de otra forma, su hijo nunca podrá ver un león de cerca, pero entonces ¿le estamos enseñando a nuestro hijo cómo es un león o en caso contrario que, para satisfacer ese capricho, hace falta encerrar a los animales contra su voluntad en un zoo? Creo que no hay justificación alguna.
  4. El entorno no está para nada «adaptado» si no, como os decía, es más bien algo parecido a un centro comercial. Las jaulas (que pueden estar más o menos «camufladas» pero no dejan de serlo), el ruido, la multitud, los puestos de comida rápida, el merchindising y todo un «circo» alrededor (aunque mejor no hablamos de circos porque entonces es casi peor…). Por poner algún ejemplo, el tigre o el león, tienen unas 10.000 veces menos espacio en cautiverio que en libertad; los osos polares, un millón de veces menos. Se trata de un lugar hostil y absolutamente opuesto a su habitat natural. Es algo claramente evidente y, sin embargo, hacemos oídos sordos.
  5. Los niños incorporan como normal la idea de que los animales se encuentran privados de su libertad y, evidentemente, no es una idea demasiado saludable que digamos ¿verdad? Hay muchas otras formas de relacionarnos con nuestro entorno natural.

Por suerte, existen países como Costa Rica que ya están en proceso de clausurar los zoos.

Si, a pesar de todo, nos apetece observar animales con nuestros hijos, podemos encontrar alternativas. Hay muchos lugares que ofrecen la posibilidad de ver animales con niños, como los centros de recuperación, por ejemplo, donde rehabilitan algunas especies y después las vuelven a dejar en libertad.

Yo me quedo sobre todo con la idea de que un niño no tiene por qué ver un elefante, o un león, o una cebra, «en directo»; pensamos que así están aprendiendo más que el hecho de llevarles a un lugar donde el papel del ser humano no queda en muy buen lugar. Quizás necesitemos pararnos a pensar y hacernos a la idea de que, no por vivir en la «era moderna», todo puede estar a nuestro alcance, sino que, dependiendo del lugar donde vivamos o vayamos de viaje, nos encotraremos unas especies u otras.

Si os apetece leer más sobre este tema, os recomiendo este interesante artículo que explica algunas razones por las que los zoos deberían estar prohibidos.

Además, hace algunas semanas, descubrí esta preciosa canción de Petit Pop que se llama «No queremos ir al zoo» y que seguramente os saca una sonrisa (y se os queda grabada, porque es muy pegadiza, sino haced la prueba).

La verdad es que no sé si esto os parece tan evidente o no. Si queréis contarme vuestra opinión seguro que todos aprendemos algo 🙂

¡Feliz semana!

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