Es una cosa que cada vez me saca más de quicio. Supongo que ya es cosa mía que tengo fijación con el tema y a veces no es para tanto, pero no puedo con los “shows” de los niños.
A los mayores les hace mucha gracia ver cómo su retoño imita una serie de gestos o acciones por el simple hecho de que resulta divertido que lo hagan porque son pequeños y no sé si también porque los niños no entienden su significado.
“¿Hasta dónde estás de papá?” y el bebé se lleva la manita a la cabeza y es que es la monda, risas aseguradas, vamos. Pues no señor, para mí es reírnos a costa de su inocencia.
Vale que puede que no haya ningún trasfondo malintencionado detrás, pero en realidad estamos utilizando al niño para pasárnoslo bien. Claro que él también se ríe, pero porque nos ve reír no porque le haga gracia la tontería que le estamos haciendo repetir.
Imaginemos ahora que somos nosotros ese niño, que imitamos como un papagayo vaya usted a saber qué sin que para nosotros tenga ningún sentido y el resto del mundo se troncha. ¿Nos sigue resultando tan gracioso ser la marioneta de los demás? Y además es que no es solo una cosa, es que nos piden el show completo: “¿hasta dónde estás de papá?”, “cántanos una canción”, “a ver cómo bailas”, “enséñanos los dientes”… ¡Qué pesadez, oiga! Póngase usted a hacer el pino, después haga tres piruetas y para acabar dé palmas con las orejas, no te digo.
En mi opinión, es humillante aunque, por desgracia, en muchos entornos estemos taaan acostumbrados a pasar por alto el respeto hacia nuestros bebés y niños que reflexiones como ésta resulten irrisorias.

Amar sin miedo a malcriar, de Yolanda González. La mirada a la infancia desde el respeto, el vínculo y la empatía. Guía teórico-práctica para padres y profesionales.