Enfado niñosNo sé si os pasa. Nosotros a veces tenemos semanas, o rachas, o épocas, en las que todos estamos en casa más irascibles, más gritones y más estresados en general.

En ocasiones me pregunto y me repregunto por qué hay días en los que Elena está tan irritable. Intento encontrar razones y motivos pero, la mayoría de las veces, no los encuentro. Es como si, de pronto, todo se volviera un misterio, como si no consiguiese entender nada. ¿Por qué se comporta así si, aparentemente, todo sigue igual que siempre? ¿Por qué se me hace tan difícil «estar a la altura», lograr que se sienta bien?

Entonces imagino que puede deberse a los celos y no hay mucho más que hacer pero, en realidad, sé que hay algo que se me está escapando, que en verdad para ella no es todo igual que siempre aunque yo no sepa o no quiera darme cuenta. Lo que sí que tengo claro es que, todo eso que se me escapa de las manos, no es algo tan ajeno a mí como yo me pienso, sino que en verdad se debe a alguna necesidad insatisfecha. Quizás estoy descuidando su atención, o tengo muchas cosas en la cabeza, o ella está entrando en una nueva fase de desarrollo y necesita mayor acompañamiento… Luego me detengo un instante a observar y percibo las prisas, las formas, la desconexión… 

Meditando estos días, he ido elaborando una pequeña lista para tener presente en casa y que nos ayude a combatir esa «irritabilidad» que nos asalta cuando las fuerzas flaquean. Aquí está.

1. Preguntarnos cómo estamos nosotros

Creo que debería ser lo primero de todo. Nuestros hijos son un claro reflejo de nuestro estado de ánimo. En mi caso, últimamente lo he llevado especialmente mal. Cuanto más me chirría el comportamiento de Elena, más cuenta me doy de que no soy más que yo misma, de que todo eso que no me gusta o que no logro aceptar es en realidad mi propio reflejo.

Resulta complicado darse cuenta y reconocerse a uno mismo en nuestros hijos. A veces parece que, superficialmente, no hay relación ninguna entre cómo nos encontramos nosotros y cómo se comportan nuestros hijos. Sin embargo, haced la prueba. Mirad a ver qué pasa si cambiáis vuestro estado de ánimo (pero haciéndolo de verdad, desde dentro. Los niños son tremendamente sensibles a las emociones y saben percibirlas con auténtica precisión, por eso es muy difícil engañarles si no lo hacemos con sinceridad).

2. Rutinas

Lo habréis oído mil veces. A nosotros no se nos da especialmente bien. Las rutinas, así como anticipar a corto plazo lo que va a pasar, les confiere a los niños mucha seguridad.

3. Autonomía

Otorgar autonomía ayuda a los niños a ser más autosuficientes y a reforzar su confianza en sí mismos. Ayudar en las tareas domésticas, vestirse solos o realizar cualquier labor por ellos mismos hará que se sientan útiles y realizados. Si, por ejemplo, nuestro hijo ya se viste solo, podemos probar a que, además, sea él quien elija la ropa. El caso es ampliar su grado de autonomía para fomentar su autoestima.

4. Ratos a solas

Yo paso mucho tiempo en casa con Elena y con Guille y, sin embargo, la mayoría del tiempo no siento que «estoy» con ellos. Me refiero al tiempo de calidad, a ese tiempo para escuchar, para agacharse y mirarles a los ojos, para jugar sin prisas, para mantener el pensamiento aquí y ahora y no en lo que tengo pendiente de hacer. Asimismo, considero necesario dedicarle tiempo en exclusiva a cada uno de ellos, proporcionarle a cada cual un espacio a solas con mamá o con papá, aunque sea un ratito al día.

5. Abrazos

Parece que según se van haciendo mayores, vamos reduciendo la cantidad de caricias y abrazos a nuestros hijos. Y encima, cuando hay un bebé en casa, se desequilibra la balanza inevitablemente en favor del retoño, por eso en nuestro caso tenemos que hacer especial hincapié en encontrar espacio para los dos (también es cierto que muchas veces nos cortamos con el pequeño por evitar los celos). La mejor solución, besos a tutiplén para todos y así nunca nos quedamos cortos :P.

Ah, y decirles lo mucho que les queréís. ¡Todos los días!

6. Paciencia

Seguro que si tenéis hijos os suena bastante. Es importantísima. Hay momentos en los que se hace muy difícil de mantener, pero es siempre imprescindible.

Ayer mismo leía el cuento «Madrechillona» y lo cierto es que me sobrecogió tanto la historia que creo que hay que tener mucho más cuidado con esos (simpre inmerecidos) gritos de más.

7. Tiempo de espera

¿Os habéis fijado cuántas veces hacemos esperar a nuestros hijos? «Un momento», «ahora voy», «ahora no puedo»…

Es mucho más saludable, y también más efectivo, 1) atenderles de verdad en el momento que lo piden o bien 2) parar un segundo, mirarles a los ojos y explicarles con calma que en ese momento no podemos atenderles tipo «ahora estoy ocupado u ocupada», «tengo que terminar esto primero, cuando lo acabe te ayudaré» y frases por el estilo.

También me gusta intentar no abusar del móvil delante suyo. Lo hago, es verdad, pero siempre soy consciente de ello. Procuro responder los whatsapp, los comentarios de las redes sociales y demás cuestiones por la noche o cuando está en el colegio. El teléfono móvil nos abstrae del mundo y no me gusta que me vea con él todo el tiempo en la mano. Sé que hay días que se nos hace complicado, queremos estar a todo y parece que nada puede esperar, pero siempre se puede reducir su uso, sobre todo cuando estamos con nuestros hijos.

8. Alimentación

Quizás haya que revisar la alimentación de vez en cuando. Nosotros enseguida notamos el exceso de azúcar o de chocolate y, seguramente también, el exceso de hidratos y proteínas, o alimentos que generan demasiada tensión en el cuerpo. La alimentación repercute directamente en nuestro estado de ánimo, tanto en ellos como en nosotros, así que siempre viene bien hacer un repaso a la lista de la compra.

9. Las formas

Creo que es lo más importante de todo. No cuenta tanto lo que decimos sino cómo lo decimos, con especial énfasis a la hora de establecer un límite o una norma en casa. Hablarles mirándoles a los ojos, sin alterarnos, incluso aceptando las diferencias y respetando sus enfados, nos permitirá establecer un ambiente mucho más relajado en casa.

En definitiva, se trata de bajar un poco el ritmo y volver a conectarnos con nuestros hijos y con nosotros mismos cuando notamos que la situación se nos empieza a escapar de las manos. El mundo se mueve muy deprisa y a veces es necesario bajar el ritmo, olvidar todo eso que parece que no puede esperar, mirarnos, reírnos y responder a esas necesidades básicas tanto de los niños como de los mayores.

Como siempre digo, todo esto es sólo la teoría. Después lo difícil es ponerlo en práctica. A mí al menos, me ayuda bastante observar, pararme a pensar y escribir las emociones y sentimientos que me rondan la cabeza. Así organizo las ideas y actúo con más calma (o eso intento :S).

¡Feliz martes y feliz convivencia!

** La imagen de la fotografía es un montaje. Por supuesto el enfado es ficción 😉

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