Megan Alisa photography

Megan Alisa photography

A veces, sin darte cuenta, la vida te lleva a lugares que no esperabas.

Nosotros siempre habíamos querido probar, pero nunca llegaba el momento. No nos decidíamos, no nos sentíamos seguros, no sabiámos si «eso» era para nosotros. Y, sin embargo, aquí estamos.

Después de toda la aborágine que supone una mudanza, y más aún con dos niños pequeños, por fin puedo decir que estamos instalados (con más de las cajas que quisiera aún sin desembalar, pero instalados al fin y al cabo).

Nos hemos venido a vivir a la sierra oeste, a un pueblo, a una casa a 50 km de Madrid. Dicho así no suena tan potente, pero para mí es un cambio muy grande. Pasar de vivir en una ciudad de 170.000 habitantes a una de poco más de 2.000 es mucho. Eso sí, el wifi lo primero 😛

Todo empezó hace un par de meses, cuando encontramos un proyecto educativo precioso, que nos enganchó y del que hemos querido formar parte. Quién nos iba a decir que, convertirnos en papás, nos traería tantos cambios vitales.

Hace tiempo que imaginábamos un entorno mejor para que nuestros hijos crecieran, donde pudieran desenvolverse con mayor libertad y en mayor contacto con la naturaleza, sentíamos que debíamos alejarnos de las prisas y del estrés que surgen inevitablemente de las aglomeraciones, la curiosidad de ver cómo sería vivir más despacio, salir de nuestra «zona de confort» y probar qué pasaría un paso más allá, enfrentarnos al miedo que supone alejarse de lo conocido.

Estamos contentos. Todo ha ido fluyendo casi sin darnos cuenta y eso es algo que nos ha dado seguridad, aunque os mentiría si no os digo también que siento cierto miedo. Ahora vivimos en una casa en lugar de un piso (a mí, que me aterran los rincones oscuros cuando cae el sol), en un pueblo en lugar de una ciudad (con menos servicios, claro) y más lejos de todo lo que, hasta ahora, conocíamos y nos daba seguridad.

También es cierto que la acogida ha sido maravillosa. Las personas, el entorno… Lo bueno de mudarse en verano es que todo está mucho más abierto. Luego, según empieza el frío y va llegando el invierno, la vida empieza a cerrarse y recogerse (me gusta pensar que es algo así como el abrir y cerra de una flor o el ritmo de una respiración), de modo que hemos decidido darnos un año de prueba y pasar aquí, al menos, cuatro estaciones para ver cómo nos sentimos.

Sé que estas semanas estoy espaciando bastante los post pero lo bueno es que a finales de septiembre comienza el curso de Hello! Bloggin Pro, de Hello! Creatividad, así que seguro que en breve me pongo de nuevo las pilas con el blog.

Y hasta aquí el reporte de todas mis novedades. ¡Feliz semana!

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