Coco Lapine design

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Hace un par de semanas, se celebró el II encuentro de Madresfera, un congreso donde aprender y ponerle cara a otros miembros de la blogosfera maternal. Fue un evento interesante y muy bien organizado, donde me llamó especial atención la charla de Eva de mamáconvergente sobre el método GTD (Getting Things Done), creado por David Allen.

Gestionar el tiempo ayuda a pensar mejor

Lo primero que hizo Eva fue enumerar varios números para que memorizásemos y así comprobar después la sutil sensación de ansiedad que le genera a uno tener que retener información en el cerebro. Es curioso, nunca me había parado a pensarlo.

Según cierto estudio realizado con inversores de bolsa (al que Eva hizo referencia pero que no podría concretaros ahora) se llegó a demostrar que aquéllas personas que retenían más información en la cabeza resultaban más pesimistas y obtenían peores resultados.

¿Y en qué se traduce todo esto? Pues en que toda esa información que vamos almacenando en nuestra cabeza a lo largo del día (como tareas pendientes, asuntos que nos preocupan, etc.) nos impide pensar con claridad y nos resta efectividad.

El método GTD consiste en crear listas de tareas por categorías a fin de liberar a nuestra mente de tener que cargar con ellas. Como explicaba Eva, a veces tenemos algo en la cabeza que nos parece muy grande pero cuando nos ponemos a escribirlo en un papel nos damos cuenta de que aquello no tenía tal magnitud. Es como si nuestro cerebro actuase a modo de globo y cuando lo tenemos dentro todo parece más grande.

Por eso hacer listas nos libera. Así que, más allá del método GTD del que podéis leer más en este enlace, una buena forma de despejarnos es escribir todo lo que tenemos en la cabeza (tareas, cosas que nos preocupan, asuntos pendientes… No han de ser solamente cuestiones que deseemos resolver ese día –y que posiblemente algunas no lleguemos a resolver–, si no todo eso que nos ronda la cabeza y que nos está «ocupando espacio») nada más levantarnos. Eso sí, las cosas que nos lleven menos de cinco minutos se hacen directamente, no se apuntan.

Todo en orden y sólo lo necesario

Durante la charla, Eva también nos habló de poner una foto en nuestra mesa de trabajo para saber cómo debería quedar la misma cuando nos vayamos a casa (ella incluso lo hace con el dormitorio de su hijo para que éste sepa cómo tiene que quedar recogido. Interesante ¿verdad?). Sobre la mesa, solamente deberíamos tener lo que vayamos a usar cada día y no un cubilete lleno de bolígrafos donde perderemos el tiempo hasta atinar con el que funciona. Y de ahí pasamos al primer cajón, donde guardaríamos todo aquello que usemos una vez por semana, y en el siguiente cajón lo que utilicemos cada mes, y así sucesivamente.

Igual con el resto de la casa. ¿Para qué tener tanto trasto si nos resta tiempo y no tiene utilidad? Es verdad que los espacios menos saturados resultan más zen, aunque me parece un poco difícil llevarlo a la práctica porque yo soy de acumular cosas monas aunque no sirvan más que para decorar 😛

¿Os animáis a ponerlo en práctica? ¡Feliz viernes y buen fin de semana!

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