Columpio

Por ahora Elena sigue estando con nosotros todo el tiempo. Hemos encontrado una mamá de día cerca de casa que nos gusta mucho y, si conseguimos cuadrar horarios, es posible que la llevemos allí algunas horas por la mañana.

El comienzo del curso escolar

Nosotros no hemos pasado por eso, pero veo a nuestro alrededor lo complicado que puede llegar a ser la adaptación a la guardería o al colegio, especialmente por la falta de facilidades que se nos ofrece. Es una época de cambios, se termina el verano y empiezan las clases, aparecen nuevas rutinas y los horarios marcados y me sorprende enormemente lo diferente que se vive la situación dependiendo de cada familia.

Algunos lo llevan con absoluta normalidad, no reflexionan demasiado sobre ello y lo viven como un trámite más. Se acaban las vacaciones y comienzan las clases, los mayores a trabajar y los niños al cole, sin más, cada uno por su lado, y no encuentran demasiada complicación más allá de tener que compaginar horarios.

Por el contrario, para otras familias es un duro trago. Se trata de un cambio importante, los pequeños se separan de sus padres, no han tenido tiempo de establecer relación con la que será su nueva figura de apego ni con los demás niños y todo se convierte en un proceso complicado y difícil de sobrellevar para padres e hijos en el que, de un día para otro, se pretende poner patas arriba la estabilidad de los pequeños sin que éstos digan ni «mu» y que, para colmo, los adultos abandonen todo sentimiento y actúen con «madurez» favoreciendo esa «insignificante» y traumática separación. En la mayoría de instituciones, el período de adaptación se toma a la ligera y se les empuja a los pequeños a dar un gran paso sin tener en cuenta sus necesidades y sin respetar para nada sus tiempos. Es terrible.

Ya digo que nosotros no hemos pasado por eso pero considero que, aun escogiendo un lugar que a los papás y mamás nos convezca, debería ser imprescindible ofrecer tanta flexibilidad como las familias, y en concreto los niños, necesiten.

Creo que se está haciendo un esfuerzo por cambiar los patrones escolares (o quizás se pretende enmascarar lo que en realidad no se es, como presumir de un periodo de adaptación cuando en realidad éste es claramente insuficiente e irrisorio) pero la realidad dista mucho de las auténticas necesidades emocionales de los pequeños; todavía existe demasiada carga social, prejuicios arcaicos e ideas preconcebidas. Los clásicos «no importa si lloran», «ya se les pasará», «es mejor que no te vea», y un sinfín de absurdos etcéteras totalmente desconectados de la auténtica calidad emocional.

¿Qué es el periodo de adaptación?

Summer little girl
El periodo de adaptación es un proceso respetuoso con el niño para que el cambio se produzca de forma paulatina y no de manera brusca, respetando los tiempos de adaptación de cada uno. Los primeros días, el niño va acompañado de su papá o mamá para que pueda conocer el lugar, a su cuidador y a los demás niños, de manera que pueda sentirse seguro y protegido. Después, y siempre que se considere oportuno, el niño permanece pequeños periodos de tiempo sin su progenitor y así gradualmente hasta que se produce una separación progresiva y respetuosa. Por poneros un ejemplo, la mamá de día nos decía que ella consideraba imprescindible al menos dos semanas para que el niño se quedase con ella una jornada completa. Quizás os parezca demasiado, pero seguramente es porque estamos demasiado acostumbrados a lo contrario y no porque eso sea lo que de verdad necesita el niño.

Una adaptación real debería respetar el ritmo individual de cada niño, unos necesitarán más y otros menos, pero eso no quiere decir que todos tengan que sentirse seguros al mismo tiempo.

Mucho ánimo a todas esas familias que estos días viven la vuelta al cole sin toda la flexibilidad que ellos y sus niños necesitan.

Y vosotros, ¿cómo habéis empezado el curso? ¡Feliz martes! 

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