Bebé cepillándose los dientes

Llevo unos días desesperada. Estas semanas la pitufa ha estado luchando contra la irremediable salida de los colmillos (casi. Y digo casi porque ha sufrido los dolores y encima todavía no han terminado de salirle a la pobre) y lo hemos pasado fatal.

De hecho, pensé que todo había cambiado de nuevo. Que, después de haber encontrado el equilibrio, estábamos entrando en una nueva fase y había que volver a readaptarse (porque, no sé si os pasa pero a veces parece que, justo cuando le has pillado el tranquillo a una etapa, de repente crecen ¡y tienes que reaprender todo de nuevo!), incluso que mi pequeña se hacía mayor (que bueno, eso sí) y que ¡le estaba cambiando el carácter! ¡así, de repente!

De pronto un día, empezó a decir que no a todo. Que no, que no y que no. Dejó de comer como antes, se pasaba todo el día enganchada a la teta y por la noche no se despegaba. Para vestirla eran imprescindibles los malabarismos avanzados y no conseguíamos que se entretuviera con nada. Terrible. Yo me figuraba que igual estábamos entrando por adelantado en lo que llaman «los terribles dos años» (que me suena un poco despectivo pero que reconozco que pensé que igual iban por ahí los tiros), pero no. Descubrimos que lo que pasaba era que le dolía un montón la boca.

La verdad es que siempre lo hemos pasado fatal con la salida de los dientes. He leído que no tienen por qué doler y sé de bebés que lo llevan más o menos bien, pero la verdad es que para nosotros ha sido casi una cruzada. Además, cuando les ves que están así se lleva fatal… Ojalá pudieramos pasar el dolor por ellos ¿verdad?

Probamos un montón de cosas, pero lo único con lo que se consolaba era mordiendo una zanahoria bien fría.

El caso es que se respiraba tensión en casa. Dormíamos todos mal, estábamos cansados y hacer cualquier cosa era una lucha. Respirábamos hondo e intentábamos mantener la calma pero por dentro nos iba carcomiendo el estrés. A veces es difícil controlar las emociones cuando te enfrentas a situaciones así. Pero por suerte parece que todo ha vuelto a la normalidad, aunque quizás yo todavía arrastre un poco el cansancio de estas semanas. Es como cuando pasas muchos nervios con algo y luego, cuando todo pasa, te sale un herpes en la boca.

Lo bueno es que estamos tan bien como antes. Lo malo, que la boca tiene 32 dientes en total contando las muelas y todavía vamos por 12… Ohmmm…

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