This little piggy photography

Leía el otro día un post de Úteros de guerrilla twitteado por El parto es nuestro llamado «del dicho al hecho. Guía breve para tener el parto que tú quieres». Por supuesto que el artículo es altamente recomendable, pero me llamó especialmente la atención el siguiente párrafo.

Por favor, no caigas en la tentación de tragarte, engullir, lo que te dicen estos libros ni menos todavía lo que te diga nadie. Ni este artículo. Escucha, contrasta, critica, modifica, acomoda, rompe, todo lo que te dicen. Recuerda que este proceso va sobre todo de abandonar la pasividad. De poco serviría que aceptaras pasivamente las ideas de otros ideales «menos grises» […].

Nosotros, en concreto, nos hemos posicionado de una forma bastante clara respecto a la crianza. Hemos leído determinados libros y nos gusta intercambiar opiniones. Pero es cierto que, en ningún caso, podemos caer en la pasividad. Nunca hemos de asumir las palabras de este libro o de aquél artículo sólo porque lo haya dicho «nosequién». Tenemos que elaborar nuestro propio criterio.

A veces siento que debo seguir «ciertas normas» para sentir que «lo estoy haciendo bien», aunque en realidad busco todo lo contrario. Sentir, escuchar, recapacitar y actuar según vea qué es lo que nosotros necesitamos y no lo que aparentemente nos autoimponemos. Es fácil aprenderse la teoría, lo difícil es ponerlo en práctica. Pero no hay dos niños iguales, ni dos situaciones idénticas, ni dos necesidades exactas. Lo que le sirve a uno puede que no funcione con otro. Cada uno ha de encontrar su propio modo.

No hagas las cosas sólo porque otros lo dicen

En los estudios científicos nunca hay resultados aboslutos. Las conclusiones se reinventan una y otra vez a lo largo de la historia según avanzan las investigaciones y, por eso, creo es necesario ser un poco «abierto de mente». Igual que hace años se decía una cosa, hoy puede concluirse algo totalmente opuesto y por tanto, y con más razón, no podemos basar nuestras creencias únicamente en «lo que nos dicen».

Os puedo poner como ejemplo el libro de Carlos González «En defensa de las vacunas». Soy la primera para la que fue un descubrimiento leer a este pediatra, pero no solamente porque opine igual que él que la lactancia materna es lo mejor y, lo más natural, o que hay que besar mucho a nuestros bebés, tengo que estar de acuerdo con el resto de cosas que diga. Es una persona a la que respeto y me gusta muchísimo lo que dice, pero no por eso todos sus discursos se convierten en un «dogma de fé» para mí. Para empezar, las farmacéuticas son las primeras que publican estudios completamente falsos (por desgracia esto es así; al igual que pueden colarnos publicidad engañosa prometiendo una crema antiarrugas o un tratamiento de adelgazamiento, las farmacéuticas son capaces de saltarse a la torera cualquier ética y mentir, también a los médicos, con tal de vender). ¿Sabíais que algunos estudios publicados por las farmacéuticas han sido contrastados y resultaron engañosos? Es una vergüenza, al verdad. Por eso, aunque Carlos González sea un referente en la crianza natural, no comparto su opinión respecto a las vacunas desde el mismo momento en que es capaz de posicionarse del lado de una gran industria, como lo son las farmacéuticas.

Ésta es sólo mi opinión, pero a lo que voy es justamente a eso, que no por ser partidaria de la crianza con apego vaya implícito asumir cualquier texto sin antes reflexionar sobre él. No hablo de ser desconfiado, sino de acceder a toda la información posible y, en función de cada uno, elaborar nuestro propio criterio.

Lee mucho, lee más, lee otro poco más.

Me repito. No te creas todo lo que te cuentan, abandona la pasividad y encuentra tu propio criterio. ¡Feliz lunes!

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