Hoy os traigo un tema realmente interesante e importante también. El tema de la educación.

Hace unas semanas tuvimos la suerte de asistir a otra de las conferencias de la asociación Besos y Brazos, en concreto de David Plà (director del TEDx Valencia), titulada  «Los sistemas educativos que respetan el continuum».

La conferencia me encantó. Fue larga y muy completa, apoyada por interesantes vídeos y he querido transcribir las cuestiones más relevantes (la mayor de las veces con sus propias palabras) para compartirlas con vosotr@s y también para tenerlas escritas y usarlas como referencia cuando lo necesite.

Niños jugando al aire libre

El fracaso escolar

Todo comienza con el planteamiento sobre el fracaso escolar. Hoy por hoy, los datos muestran que un 41% de los chicos de 15 años tiene un alto riesgo de fracaso escolar, mientras que en las chicas es de un 29%. Y parece que nadie se cuestiona si procede o no escolarizar o si el sistema educativo es el más adecuado para nuestros hijos cuando ¡existe casi la mitad de probabilidades de que un niño fracase! Si en una intervención sanitaria tuviéramos la mitad de posibilidades de que saliera mal, seguramente nos plantearíamos si someternos a ella o no ¿verdad?

Por qué este sistema no funciona

Para comprender las bases de nuestro sistema educativo es necesario echar la vista atrás y conocer cuáles son sus raíces. Los cimientos que se instauraron en los siglos XVI, XVII y XVIII perduran hasta la actualidad.

En 1524, Martin Lutero implantó una idea realmente innovadora para la época, el concepto de escuela pública. Hasta entonces la educación era totalmente privada, no había relación entre ésta y el estado. La escuela se convirtió en un lugar para adoctrinar a los jóvenes que además estaban en una edad fácilmente impresionable. Desde aquí, la idea se expandió al resto de países y fue en 1717, en Prusia, cuando se implantó el primer sistema educativo que se conoce y que, además, tenía muchas cosas en común con nuestro sistema actual. Por ejemplo, era necesario hacer una oposición para ser profesor, las escuelas privadas tenían que seguir el programa fijado por el estado, se estableció un único lenguaje oficial y la asistencia era obligatoria desde los siete hasta los catorce años.

Por aquella época, se pensaba que no existía relación entre el cuerpo y la mente, sino que eran independientes. Según decía Descartes «Pienso, luego existo» y, por desgracia, esta visión ha tenido graves consecuencias en el desarrollo de los sistemas educativos.

El principio fundamental de la escuela era la unidad nacional. Educación hacia el estado, para el Estado y por el Estado. «El Estado es el fin último y supremo» y, por tanto, era el estado quien definía el programa de la escuela en función de sus propios intereses.

Todo esto me recuerda cuando estudiaba en el colegio los señores feudales y el absolutismo que, claro está, nada tiene que ver con nuestros días ¿o acaso nos hemos planteado si todavía quedan restos de todo aquello en nuestro sistema actual? ¿es posible?

Por aquel entonces, la intención del sistema educativo tenía dos objetivos fundamentales que eran el objetivo estatal y el objetivo docente.

El objetivo estatal

El objetivo estatal consistía en impartir asignaturas que promoviesen los intereses del absolutismo. Adoctrinar en cuestiones políticas o religiosas, inculcando la importancia del Estado.

En este punto, David Plà se apoya de varias citas de personajes relevantes de la época en línea con el gobierno absolutista.

  • Benjamin Rush, firmante de la declaración de los EEUU.

«Digamos a los alumnos que no se pertenecen a ellos mismos, sino que son propiedad del estado. Digámosles que quieran a su familia pero que a la vez que deben abandonarla e incluso olvidarla cuando el bienestar del país está en juego».

  • William Godwin, político y escritor británico (1756/1836).

«El gobierno no obviará el uso de la educación, para hacerse más fuerte y perpetuar sus instituciones».

  • Johann Gottlieb Fichte, filósofo alemán (1762/1814).

«Las escuelas deben acostumbrar a las personas a que no sean capaces de desear otra cosa distinta a lo que a ti te interesa».

  • Woodrow Wilson, presidente de los EEUU cuando era rector de la universidad de Princeton.

«Queremos una clase social que tenga una educación liberal y queremos otra clase, una mucho más amplia por necesidad, privada del privilegio de esta educación y que se ocupe de desarrollar tareas manuales especialmente complejas».

  • William Torry Harris, comisario de Educación de los EEUU (1989 / 1906).

«Noventa y nueve [alumnos] de cada cien son autómatas, que caminan cuidadosamente por los caminos prescritos, cuidadosos en seguir la costumbre prescrita. No es casualidad, sino el resultado de una educación sustancial que, definida científicamente, es la absorción del individuo».

  • Archibald D. Murphey, fundador de la escuela pública de Carolina del Norte (1777/1832).

«En estas escuelas los preceptos morales y religiosos deben ser inculcados y debemos formar a los niños con hábitos de subordinación y obediencia. Los padres suelen no saber cómo instruir a sus hijos. Así que el estado, a la vista del problema y por su propio bien, debe hacerse cargo de esos niños colocados en una escuela donde sus mentes puedan ser iluminadas y sus corazones entrenados en la virtud».

  • John D. Rockefeller (1839/1937).

«En nuestro sueño la gente se muestra perfectamente dócil a nuestras directrices […]. No deseamos intentar transformar a esta gente o a sus hijos en filósofos o personas de ciencia. No tenemos que crear autores, editores poetas o escritores. No buscamos grandes artistas, pintores, músicos o abogados, doctores, políticos o cualquiera de las figuras que ya tenemos bastantes. La meta que nos ponemos es muy simple: organizaremos a sus hijos para que aprendan a hacer de forma perfecta lo que sus padres hacen de forma imperfecta».

  • Henry Lous Mencken, periodista crítico social (1880/1956).

«El propósito de la educación no es proveer a los jóvenes con conocimientos y despertar su inteligencia. Nada más lejos de la verdad. El objetivo es simplemente reducir al mayor número posible de individuos al mismo nivel de seguridad, engendrar y entrenar a una ciudadanía estandarizada para sofocar la originalidad y el disentimiento. Éste es su objetivo en los EEUU y también lo es en cualquier otra parte».

Realmente escalofriante.

Lecciones ocultas

Pupitres de una clase

En el diseño de los primeros sistemas educativos las necesidades de los gobernantes de la época tuvieron demasiado peso. Esas necesidades se conocen como lecciones ocultas y son los aspectos que hemos aprendido en nuestro paso por la escuela pero que no recordamos haber aprendido. El problema es que, por increíble que parezca, no han cambiado hasta la actualidad. Estas lecciones son tres:

Obediencia

En primer lugar la obediencia. Conservamos una obediencia ciega a la autoridad y además se considera una virtud. Cuando nuestro hijo sale de casa le decimos «pórtate bien», «sé bueno», «ten cuidado»… Nunca le decimos «sé creativo», «sé coherente», «toma algún riesgo»…

La palabra obediencia y esta reflexión hicieron «clic» en mi cabeza. ¿Cómo no me había dado cuenta de esto antes? ¿Cómo no nos hemos dado cuenta? Asumimos como normales cuestiones que tenemos tan interiorizadas que ni siquiera nos pararmos a pensar si son apropiadas o no.

Si queréis profundizar un poco más, los experimentos de Milgram sobre psicología social demuestran las catástróficas consecuencias del culto a la obediencia en las personas.

Conformismo

En segundo lugar, el conformismo. Los niños nos muestran su inconformismo los primeros días de escolarización a través del llanto. Nos demuestran su capacidad para no conformarse con lo que la sociedad les tiene deparado, para comunicar a sus padres que ése no es el mejor camino para su desarrollo integral, su desarrollo holístico. Pero se considera normal, incluso en la propia televisión aparece en los titulares con una sonrisa de la presentadora.

Indiferencia

Y por último la indiferencia. Los niños se rebelan, no han llegado al punto de la indiferencia pero, poco a poco, les forzamos a resignarse y pierden el contacto con sus necesidades internas.

Mecanismos de aprendizaje

Niño jugando al aire libre

En las escuelas, se asume que el profesor lo sabe todo y que los niños o alumnos no saben nada. Se intenta inculcar lo mismo ¡a diferentes personas y además al mismo tiempo! En realidad, los mecanismos naturales de aprendizaje son la experimentación y la reflexión. Todavía hoy se considera realmente importante la memorización y una muestra evidente de ello son los exámenes, cuando hemos entrado en la era de la tecnología donde ese papel lo asumen ya las máquinas.

Las preguntas verdaderamente valiosas no se hacen. La más común es «¿esto entra en el examen?» pero preguntas útiles como «¿qué hago yo aquí?», «¿por qué tengo que aprender esto de esta manera?» o bien «¿porque no puedo aprender acerca de aquello que me gusta más y además que se me da mejor?» no se hacen.

Decía Einstein

«Uno tenía que empollarse toda la materia, le gustara o no. Esta coacción tenía un efecto secundario de desaliento tal que, después de haber aprobado el examen final, no quería saber nada del tema durante un año entero. Es todo un milagro que los modernos métodos de instrucción no hayan ahogado por completo la curiosidad y la capacidad de preguntar porque esta pequeña y delicada planta, más que estímulo, necesita libertad; sin ella se arruinará sin remedio. Es un grave error pensar que el disfrute de la búsqueda y el aprendizaje se puede promover a través de la coacción y el sentido del deber».

El objetivo docente

Además del objetivo estatal, está el objetivo docente. A lo largo de la historia, ha triunfado el racionalismo. El conocimiento se fue ampliando pero solo en ciencias teóricas y experimentales, debido a las bases instauradas en el pensamiento ilustrado y a la obra de Descartes. Siempre se consideró que cualquier actividad que implicara el cuerpo o las emociones no era relevante. No se aceptaba nada que no se pudiese demostrar mediante el razonamiento lógico (es decir, de forma verbal o matemática).

A día de hoy, todos sabemos que existen asignaturas «útiles» para desarrollo personal (las matemáticas, las ciencias, la tecnología…) y asignaturas «inútiles» que no llevan a ninguna parte (como las artes o el deporte). A los papás les parece muy bien que a su hijo le guste dibujar pero insisten en que estudien una carrera «de provecho» para asegurarse el futuro. Seguimos atados a la idea de que la mente es superior. Las emociones o el cuerpo tienen menos relevancia.

Arrastramos paradigmas del siglo XVII que bloquean nuestro avance como sociedad. Nuestro sistema educativo se basa en el concepto absolutamente obsoleto de que la inteligencia es solamente la capacidad de plantear desarrollos lógicos utilizando el lenguaje verbal o matemático. Esta visión está desfasada, es falsa y supone un crimen contra el talento y la felicidad de demasiadas personas.

En definitiva, estamos educando a nuestros hijos con un sistema diseñado durante la ilustración para solventar los problemas de aquella sociedad que ya no existe. Tenemos que revolucionar el sistema para dar respuesta a los problemas de nuestra sociedad actual.

Para revolucionar nuestro sistema educativo tenemos que apoyarnos en cuatro pilares fundamentales: el pensamiento creativo, la capacidad, la confianza y el respeto.

Pensamiento creativo

Niñas pintando

La inteligencia no es solamente la capacidad de entender o de comprender. Es mucho más. Jamás lograríamos evolucionar o subir de escalón si no incluimos la capacidad creativa, es decir la imaginación. La imaginación sustenta todo logro humano. Nos permite crear.

Según un interesante estudio que se muestra en uno de los vídeos de la conferencia, se concluye que hasta los cinco años el 98% de los niños tiene un pensamiento divergente, es decir, son genios. Según pasan los años, el porcentaje disminuye vertiginosamente hasta un 32% en niños de hasta 10 años y un 10% a los 15 años. ¿A qué es debida esta sorprendente bajada? Pues a que han crecido y a que han sido educados.

Supuestamente empiezas sabiendo poco y vas mejorando con la edad. Pero solo supuestamente…

Capacidad

Cada niño ha de tomar conciencia de sus fortalezas y talentos que le van a conducir a aquella actividad en la que se encuentra a gusto, es feliz, eficiente y competitivo. Hay que concederles libertad, que cada uno explore los campos que le resulten de mayor interés. Hemos de acabar con la estandarización y comenzar con la educación personalizada. Cada uno debe poder explorar al máximo sus propios intereses.

Confianza

Las personas han perdido la confianza en sus propias capacidades debido al fracaso escolar o a no haber sido los primeros. Hay que promover la confianza intrínseca en nuestros pequeños para que confíen en SU creatividad y en SU capacidad. El ser humano es capaz de cualquier cosa si se lo propone, la historia es prueba de ello. Solo necesitamos paciencia y confianza en la capacidad de nuestros hijos. Y hemos de mostrárselo una y otra vez.

Respeto

Este aspecto es imprescindible. Todos los involucrados deben permitir la evolución independiente de cada individuo.

Paradigmas de la educación

El mayor problema son los paradigmas, las cosas que damos por sentadas. Pensamos ¿cómo vamos a revolucionar el sistema educativo si hay para ello hay que tumbar sus bases? ¿Y acaso pensar esto no es conformismo?

Hay muchos aspectos que ni siquiera nos planteamos porque tenemos absolutamente asumidos como son que las asignaturas se dan por separado, los grupos y los horarios están predefinidos así como el limitado número de salidas laborales, se agrupa a los alumnos por fecha de nacimiento o se desarrolla toda la actividad en centros creados para ello como si fueran cárceles. Hay que romper con todos esos moldes.

¿Sabíais que casi la mitad de los universitarios piensa que no está preparado para el mercado laboral al finalizar sus estudios? Existe una inflación de títulos sinsentido que les provoca un estrés vital. No conocen sus capacidades y no se atreven a ser creativos. Sufren de una baja autoestima pero no le damos la importancia que se merece.

Conclusión

El sistema educativo está obsoleto. Conduce a los estudiantes hacia una obediencia ciega, hacia la indiferencia, hacia el conformismo, la desmotivación, el fracaso escolar y la poca autoestima. Hay que revolucionar ese modelo para que saque lo mejor de cada uno de nuestros niños, que permita su desarrollo integral y que promueva su autoestima.

Es necesario encontrar el propio talento, ésa es la clave. Cuando se encuentra aquello con lo que disfrutas y además lo haces bien el tiempo se acorta, la felicidad se expande y la eficiencia se multiplica. Como padres y profesores, hemos de facilitar esa búsqueda, reforzarla y a apoyarles en todo momento.

Necesitamos un sistema educativo que respete el continuum, donde los padres y profesores apoyen a los niños en la búsqueda y explotación de sus talentos innatos.

Existen varias escuelas democráticas como por ejemplo la recientemente cerrada Ojo de Agua, en Alicante, o proyectos en escuelas públicas como Amara Berri, en el País Vasco, y otras iniciativas en Cataluña.

Como alternativa a estas escuelas públicas, y dado que la educación es responsabilidad de los padres, la ley nos permite la creación de comunidades de aprendizaje desde los tres o cuatro años hasta los dieciséis años, de modo que garanticen lo que el estado no es capaz de ofrecernos. En concreto, David Plà forma parte del proyecto La Serrada, una asociación sin ánimo de lucro que pretende ser una alternativa a la educación convencional y que promueve el desarrollo sano e integral de los niños. Por supuesto es un proyecto complicado que requiere esfuerzo y tiempo pero la recompensa, dice, es el beneficio humano, la relación con sus hijos, el contacto con sus realidades y por tanto altamente recomendable.

Para crear un proyecto de este tipo son necesarios tres elementos:

  1. Un grupo capaz de financiar la iniciativa y que sea consciente de que han de desaprender los modelos educativos que se nos han transferido de forma transgeneracional.
  2. Contar con una persona formada adecuadamente en promoción y prevención de la salud infantil.
  3. Un espacio adaptado a las necesidades reales de los niños

Para cerrar la charla, David Plà nos cita a James Walter y Nick Stinnett de la Journal of Marriage and the Family.

«Ha habido consenso entre los estudios [aproximadamente 200] que se han analizado respecto a que el logro académico, el sentido de liderazgo y la creatividad de los niños están directamente relacionados con el afecto, la aprobación y la comprensión en la relación de padres e hijos».

Podéis ver en este vídeo una de sus charlas donde describe todo esto que os he contado. ¡Que la disfrutéis!

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