Tres meses

Tres meses. Mañana hará tres meses que estás con nosotros. Tres meses en los que la casa se ha llenado más aún (si cabe) de vida. De vida dulce, de vida suave, de vida tierna.

Tú, que en tan poco tiempo me has enseñado tanto, que has conseguido que hiciera las paces con esas espinitas que arrastraba. Tú, que me has enseñado a hacerlo todo más fácil, a disfrutar de verdad, a sentir que hay que tomarse las cosas con calma, que cada momento tiene su tiempo y que no hay que preocuparse tanto. Tú, que has venido para poner otra vez nuestra vida patas arriba ahora que le estábamos pillando el truco pero que has conseguido darnos un nuevo lugar en el mundo.

Yo, que me derrito irremediablemente cada vez que me sonríes, cada vez que me miras, cada vez que duermes acurrucado en mi pecho. Yo, que tenía miedo antes de conocerte, que no sabía si podría quererte tanto como a Elena y que, sin embargo, no puedo imaginar mi vida sin ti. Yo, que quería otra niña, y que no puedo creer que me gustes tanto. Tanto que creo que ya no cabe más dentro de mí, que estoy a punto de rebosar.

Y a veces deseo que se pare el tiempo. O que transcurra a cámara lenta, para no perderme ni un segundo, para poder observarte, para envolverte entre mis brazos y poder escuchar el sonido de tu respiración.

Y a veces deseo saber cómo será cuando tengas nueve meses y empieces a gatear, o cuando tengas doce, o cuando seas un poco más mayor y empieces a jugar con Elena.

Sólo tres meses. Tanto y tan poco a la vez.

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