Yo no soy Supernanny

He de reconocerlo. Alguna vez he visto el programa de Supernanny, aunque siempre había algo que me chirriaba, pero no sabía exactamente el qué.

A simple vista todo parecía en orden. Unos padres preocupados piden ayuda a un profesional que les recomienda hablar sin gritar, ponerse a la altura de los niños para decirles las cosas, apagar la televisión para charlar durante las comidas, jugar y básicamente conseguir que los miembros de la familia vivan más tranquilos y felices.

Hasta aquí todo parece correcto pero ¿qué pasa si en lugar de agacharnos para llegar a un acuerdo con nuestro hijo lo hacemos para darle una orden inescrutrable? ¿y si hablamos bajito para advertirles que haremos caso omiso de sus llantos? ¿y si apagamos la televisión para asegurarnos de que entienden claramente que vamos a ningunear las emociones que no nos gusten?

Supernanny no hace nada más que aplicar el conductivismo, un método con el que ciértamente no me siento para nada identificada. La autoridad de los padres es impuesta (no otorgada, fruto de un acuerdo consensuado), todos los casos son tratados del mismo modo sin tener en cuenta la situación emocional de cada uno, las emociones tachadas de «negativas» se dejan de lado y no aparece la empatía por ningún sitio… Lo más increíble de todo son esos momentos donde se ignora absolutamente al niño. Hay normas y punto. Porque lo dice Supernanny. Pero lo dice bajito, eso sí.

Un grupo de padres solicita un cambio en el programa

En  reconocen que es bueno reforzar los aspectos positivos del niño o ayudar a poner la mesa y cenar todos juntos pero, por otra parte, encuentran inadecuado el estrés familiar que se respira en las casas, las excasas muestras de cariño, las normas impuestas sin un consenso donde sólo los pequeños tienen consecuencias si no las cumplen (los padres quedan exentos), no se cuestiona el problema de fondo sino que se tratan todos los casos por igual, nunca se habla de los sentimientos y la empatía brilla por su ausencia.

Por si fuera poco, el narrador del programa emplea un lenguaje peyorativo para referirse a los niños como por ejemplo «la pequeña manipuladora» o «el pequeño tirano»…

comentando también el renombrado programa donde el autor nos pone en situación: por ejemplo, si un granjero cuida mal de sus animales o si un médico comete una negligencia a nadie se le ocurre echarle la culpa a los animales o a los enfermos sino al mismo granjero o al doctor, en cada caso. Sin embargo, si unos padres fríos y distantes crían unos hijos llamados «maleducados» los progenitores se limpian las manos con su responsabilidad.

Conductivismo

Según la  el conductismo es «una renuncia a las doctrinas del alma, la mente y la consciencia». Preocupante que sea un sistema aplicado en niños dado que son seres absolutamente emocionales ¿no?

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